La mujerse abrazó a su cuello. Le apretaba desesperadamente, los ojos espantados, las manos crispadas, clavándole los dedos en su espalda.
Davidhabía subido cansinamente la escalera del47 de Madison st hasta el primer piso, dando tumbos, con la sensación de náusea que producen las borracheras incipientes. Había estado toda la tarde bebiendo con su socio en el Cuerno Dorado, un pub cargado de humo y olor a humanidad, frecuentado porpolicías, expolicías, detectives privados y algún que otro periodista a la caza de posibles historias truculentas. No le molestaba la penumbra en el largo pasillo que le lleva a su apartamento. Prefería esa casi oscuridad que protegía la pesadez de sus párpados. Cuando llegó frente a la puerta, hurgó torpemente en sus bolsillos buscando la llave. En un bolsillo, en otro… Entonces se abrió violentamente. Le cegó un golpe de luz y, simultáneamente,la mujer se le vino encima. David apenas pudo sostenerse en pie bajo el impulso del cuerpo. Intentó sostenerla sujetándola por la espalda, pero sus manostropezaroncon un objeto que sobresalía de entre los omoplatos. Era el mango del mayor de sus cuchillos de cocina. Un borbotón cálido y viscoso le impregnó los dedosy el cuerpo se escurrió lenta y pesadamente hasta el suelo. El mareo, la presión de sus párpados y el dolor de cabeza que le golpeaban las sienes desaparecieron. Apoyo la espalda contrala pared del recibidor y se dejó caer lentamente hasta quedar en cuclillas junto al cadáver. La mujer, boca abajo, con un hilillo de sangre cayendo por la comisura de los labios, le miraba con los ojos muy abiertos, ya sin espanto, quizás con asombro. Oyó cómo se cerraba de golpe la puerta de la terraza y el chirriar metálico de la escalera de incendios al desplegarse hasta la calle. Alguien huía precipitadamente saltando a la calle.
Habían sacado los cajones del escritorio, vaciado las estanterías de libros, esparcido por el suelo los discos de vinilo, revuelto los armarios roperos y dado la vuelta al colchón en un revoltijo de sábanas y almohadas. David miraba alternativamente el desorden, el cadáver y el teléfono como si fuera a prestar toda su atención a alguna de las tres cosas. Pero estaba paralizado, de pie, en medio de su pequeño salón, manoseándose con fuerza la barbilla, sin saber qué hacer. Se acercó, finalmente, al cuerpo sin vida y, asombrado, se dio cuenta de que era la misma mujer que le había presentado Bernard, su socio, en el Cuerno Dorado.
No entendía cómo había podido entrar en el apartamento. Mecánicamente se palpo los bolsillos buscando sus llaves y, naturalmente, no las tenía.En el sofá, entre los almohadones, estaba el bolso de la mujer. Lo volcó sobre la mesa y, tal y como esperaba, encontró su llavero.
-Olga, se llamaba Olga- dijo David a media voz.- Me quitó las llaves mientras me achuchaba en el pub-
Intentaba entender qué es lo que buscaba en su apartamento, quién la había matado y por qué.
...
Escrito por leerynarrar el 25/07/2011 12:13 | Comentarios (0)
Desde el mes de mayo no he escrito aquí ni una línea. En estos dos meses han desfilado John Dos Passos con Manhattan Transfer, Salinger con Franny y Zooey , David Hudle con Historia de un Secreto, Bioy Casares con Historias de Amor. Lo último que he leido ha sido La Ceremonia del Masaje, deAllan Bennett. A lo largo de todos ellos, en paralelo, superpuesto y a trompicones (es decir, también depuesto) a Proust:A la Sombra de las Muchachas en Flor.
Este aparente desorden en las lecturas tiene una parte de lógica y otra de puro azar.
LaHistoria de un secreto es un libro "encontrado" que está enganchado a eso que se llama Bookcrossing (www.bookcrossing.es). Encuentro un libro en cualquier lugar (un banco en la calle, una cafetería, en el metro...). El libro tiene una pegatina con un código de Bookcrossing, entro en la página web, sigo las instrucciones, lo leo si me interesa, me inscribo (gratis), lo registro y lo dejo en cualquier lugar (sensato) para que otro posible lector lo coja, se inscriba, lo lea y lo suelte... Y así.
Y así puedo seguir la pista al libro, leer comentarios de los sucesivos lectores y meter en bokcrossing libros de los que quiera desprenderme. (Entra en Bookcrossing y mira cómo funciona).
Historia de un Secreto es una novela que me interesó desde la primera página. Muy sugerente, perspicaz, dejando al descubierto en sus personajes algo muy común: los pensamientos y sentimientos nunca dichos, de los que no se puede hablar.
Escrito por leerynarrar el 24/07/2011 19:05 | Comentarios (0)
Una de las razones por las que me resulta útil, además de divertido, un club de lectura es porque me invita a leer autores que no se me ocurrirían. Por ejemplo a Ray Bradbury y sus Crónicas Marcianas.
En tiempos, devoré a Assimov, que por cierto nació en 1920, como Bradbury. Sus novelas me parecieron aventuras llenas de ficción científica, realista y futurista, muy atractiva.
Pero Bradbury escribe de otros asuntos y con otros modos. No tiene nada de ciencia ni de futurismo. Sitúa sus historias en Marte para empujarnos a una dimensión diferente de lo cotidiano. En Marte, puede poner en primer plano aspectos corrientes de nuestro ser humanos, que dejan de serlo porque estamos en un planeta exótico y tratando con marcianos. Marte es una treta que le permite subrayar de un modo inusual algunos rasgos y conflictos tan propios de los terrícolas... .
Bradbury escribe con total libertad sobre la soledad, la incomunicación, los celos, el odio, el racismo, el amor, la depredación de la naturaleza, el deseo, la ambición y tantas otras peculiaridades que nos caracterizan. Lo cuenta con la libertad que le da el hecho de que sus crónicas sean marcianas. Lo narra con libertad y con sentido del humor.
Escrito por leerynarrar el 27/05/2011 13:27 | Comentarios (0)
Hola, OMOLOC: Iba yo a seguir intentado decir algo coherente sobre los detectives de Bolaño cuando me he encontrdo tu comentario a propósito de El Paso de la Hélice.
Me escirbes que "Lo de El Paso de La Hélice es imperdonable. Recomiendo un segundo intento. ¡Un saludo!"
No sé si haré el segundo intento al que me invitas, pero siento curiosidad por saber qué es lo que valoras de esa novela de Pajares. Es posible que la leyera sin prestar demasiada atencion o algo...
En los Detectives Salvajes, como en El Paso de la Helice, Ulises Lima y Arturo Belano, también salen a buscar, en este caso por el desierto de Sonora, un texto y un personaje que no existen: el de Cesárea Tinarejo.
No recuerdo por qué abandoné la lectura de la Hélice pero sí sé por qué no puedo dejar de leer las 400 páginas de "puntos de vista" de Amadeo Salvatierra, Perla Avilés, Laura Jauregui, Favio Ernesto Logiacomo, Jacinto Requena y otras decenas de poetas viscerrealistas. Y mira que me molesta la fragmentación y no saber en qué momento del diario aparecen y por qué. Sin embargo muchos de estos personajes protagonizan micronovelas llenas de inteligencia y sensibilidad, siempre con la excusa de evocar a los tales Ulises y Belano. A mi me parece que cada página de los Detectives es un prodigio de fuerza y, también, de ternura. Y mira que a veces es bestia.
Claro que el que Bolaño me parezca buenísimo no tiene nada que ver con el que ahora no sepa por qué Sebtián Pajares no me lo pareció.
Te agradezco el comentario. Un saludo
Escrito por leerynarrar el 25/04/2011 17:22 | Comentarios (1)
Pero claro, la cosa no es tan sencilla. Como Bolaño es un aquí un postmoderno, según parece, la historia que cuenta se fragmenta, sus personajes aparecen y desaparecen, la narración no tiene ese hilo que tira de uno... en ralidad no hay una narración. Los Detectives Salvajes es, sobre todo, un monton de puntos de vista de setenta u ochenta personajes, que se intercalan en un diario escrito en dos épocas diferentes: 1975 y 1976.
Lo interesante de la cosa (para mí) es que yo he leido el diario, saltándome las 400 páginas intercaladas, y lo que he leido es una estupenda inmersión en un ambiente casi lumpen, de poetas adolescentes y deshilachados.
Dentro de ese ambiente, Ulises Lima y Arturo Belano lo inspiran todo.
Escrito por leerynarrar el 24/04/2011 23:16 | Comentarios (0)
Juan García Madero, Ulises Lima, Arturo Belano y Cesárea Tinajero son los protagonistas de esta historia visceral nihilista. El desierto de Sonora y la aridez existencial visceralista enmarcan, por dentro y por fuera, a estos detectives salvajemente vacíos.
También están Brígida y Rosario, las meseras que inician a García Madero en la mecánica del sexo. Y el soneto de Efrén Rebolledo, como expresión de un erotismo yermo,
"¿... Quieres que te haga un guagüis?... Como un nadador solitario y exhausto la verdad poco a poco se fue abriendo paso en el mar negro de mi ignorancia. Ella me devolvió la mirada. Tenía los ojos duros y planos".
Irán apareciendo María y Angélica Font, la revista Lee Harvey Oswald (dos números) y la marihuana. Con el padre de las Font, Quim, se preanuncia el Impala que los llevará por el desierto.
Escrito por leerynarrar el 19/04/2011 11:11 | Comentarios (0)
He simultaneado la lectura de Las Hijas de Hanna y El Tiempo Entre Costuras. Desde luego dos novelas muy diferentes en tema, estilo y, me parece a mi, calidad.
Cosa curiosa: lo de María Dueñas me parece peor escrito y de lectura más fácil, entre otras cosas porque puedo saltarme párrafos y páginas sin que nada sufra demasiado.
Una lectura liviana y entretenida (gracias a los saltos), aunque la autora se empeña en frenar el interés por la acción con páginas que no añaden nada ni a la trama ni a los personajes (saltar). Todo superficial, como debe ser. Y no como las Hijas de Hanna.
Con Marianne Fredricksson si dejo de leer algo, estoy perdido. Si algunas páginas no las leo dos veces, también. Con la introspección ocurre que uno se ve avocado a pensar más que a imaginar.
Más allá de los detalles, El Tiempo Entre Costuras deja en la fantasía imágenes moras brillantes, nítidas. También algunas secuencias de acción, aunque la acción acabe un tanto desinflada, en una reunión de personajes, que me recuerda el final de las novelas de Agatha Christie.
Quería yo comparar estas dos novelas, pero creo que no hay casi nada que comparar: si acaso, Fredricson escribe mejor que Dueñas pero Dueñas es más divertida.
Escrito por leerynarrar el 25/03/2011 18:25 | Comentarios (0)
Todavía no he acabado de leerla, pero tengo necesidad de ir escribiendo algo sobre esta novela para ordenar mis impresiones. Me resulta accidentada por su variedad de narradores, tonos y estilos.
Las Hijas de Hanna es la historia de tres mujeres de una familia: Hanna, Johanna y Anna. Abuela, madre e hija respectivamente. Tiene cinco partes: una introducción, un intermedio y una conclusión protagonizadas por Anna. Se intercalan las historias de Hanna y Johanna.
Por lo que llevo leído hasta ahora, el estilo y el tono de la narración varían de una parte a otra. He tenido que aprender a leer los capítulos dedicados Anna. En ellos, se alterna lo que ocurre en el momento con recuerdos y reflexiones. El modo cómo escribe Fredriksson estas páginas me obliga a resituarme frecuentemente para entender el hilo de la narración. Esto quiere decir que, en algunos momentos, he tenido que releer párrafos para no perderme.
Sin embargo, la historia de la abuela Hanna es mucho más directa: una narración cruda que, a veces, me recuerda al Steimbeck de las Uvas de la Ira. Y me da la impresión de que la historia de Johanna va a seguir este mismo camino.
El eje en el que se apoya el argumento es Anna: una mujer con cierta variedad de líos en su cabeza. Conflictos con su madre, con su marido, con sus hijas y con ella misma.
Parecería que Anna quiere reconstruir su identidad rebuscando en las historias de su abuela y de su madre. El desencadenante de esta búsqueda es el hallazgo de una vieja foto de la abuela. Siente la extrañeza de no saber nada sobre sus padres, sobre sus hijos, ajena incluso a sí misma...
Escrito por leerynarrar el 23/03/2011 10:52 | Comentarios (0)
En el club de lectura de Colmenar, Maribel, la coordinadora, nos ha propuesto la lectura de un ensayo de Coetzee titulado "¿Qué es un clásico?". El artículo no me ha resultado fácil. Me parece que es algo barroco en su desarrollo y he tenido que releerlo para seguirle el hilo.
Por centrarme en lo fundamental (Coetzee se da un largo e ingenioso paseo por Thomas Stearns Eliot y por Bach reinterpretado por Mendellssohn), para Coetzee, "lo clásico es aquello que sobrevive a la peor barbarie porque hay generaciones de personas que no se pueden permitir ignorarlo y, por tanto, se agarran a ello a cualquier precio". Y en este contexto, Coetzee menciona a la crítica (me hace gracia la proximidad entre crítica y barbarie).
La crítica está esencialmente pegada a su momento: es histórica, depende o contradepende de la ideología dominante, está sujeta a modos de ver e interpretar que no pueden separarse del nicho sociocultural en el que se realiza.
Me gusta el enfoque: una obra clásica es la que "sobrevive a los actos de descentramiento de la crítica".
Pienso, por ejemplo, en Proust y los siete volúmenes de En Busca del Tiempo Perdido. ¿Hay algo en Proust que lo haga un clásico que merece la pena leerse o, simplemente, es un valor actualmente "culto" mencionar el pasaje de la magdalena?
Escrito por leerynarrar el 09/03/2011 13:44 | Comentarios (0)
A Coetzee le gusta, a veces, juguetear y hacer experimentos. En Diario de un Mal Año dividía las páginas del libro, al principio, en dos mitades, luego en tres. En cada una de esas tres partes narra historias diferentes, aunque relacionadas... Hay que leer la novela para descubrir a un Coetzee muy distinto del de Desgracia.
En Verano, el juego consiste en que unos personajes digan, a través de su experiencia, quién y cómo es el protagonista de esta supuesta autobiografía. Cuatro mujeres con las que ha mantenido relaciones distintas, y un hombre que fue colega en la universidad. Todos ellos lo dejan bastante mal parado, cada uno desde un ángulo diferente y desde casi cualquier punto de vista: su incapacidad para comunicarse, su insensibilidad, la pobreza de sus relaciones sexuales, lo mediocre de su potencial intelectual y profesional...
Es John Maxwell Coetzee jugando con John Coetzee.
Escrito por leerynarrar el 06/03/2011 20:13 | Comentarios (0)
Ina es una compañera del grupo de lectura de Colmenar. Con el seudónimo de Fantaguiró presentó a concurso un cuento en la Asociación Chozas de la Sierra (Soto del Real) y ganó. Es una historia llena de ironía, con toques de humor que suavizan un trasfondo de cierta amargura y un final tierno, muy tierno.
El cuento dice así:
LA VIDA TE DA SORPRESAS, SORPRESAS TE DA LA VIDA
Por Fantaguiró
He llegado esta mañana treinta minutos, dos autobuses repletos y cinco paradas de metro tarde al trabajo. Es la tercera vez en lo que va de mes. Mi jefe, muy puntilloso, ha insistido en verme en su despacho. Yo, empleada solicita, me he santiguado tres veces y, con aire decidido y expresión perpleja, he entrado en el sancta santorum de la empresa.
- Señorita, considero su actitud desconsiderada e irrespetuosa para con sus compañeros.
Yo, como empleada de lal impieza, no pensaba que mis compañeros me tuvieran mucho en cuenta, así que reafirmo mi ego y atuso el plumero.
- Sepa usted, señorita...
Marta, me llamo Marta. Años bailándole el polvo y no sabe mi nombre. Ni que decir tiene que no se lo recuerdo. Bajo la cabeza y me mimetizo aún más con la tapicería del sofá.
- ...Que esta actitud suya no la beneficia en absoluto…
Esto es que pensaba ascenderme a directora ejecutiva.
- Es más, la perjudica enormemente…
Adiós al crucero promocionalpor el Caribe.
-...Son varias las quejas que me ha dado su encargada…
Ya decía yo, ¡qué mala es la envidia!
- Si persiste en su actitud, me veré en la obligación de…
¿Recompensarme con un paquete de acciones y un sustancial aumento de sueldo?
-...Despedirla.
Me ha debido de cambiar la cara. ¿Sorpresa?
Su sonrisa de autocomplacencia denota que se ha dado cuenta de mi súbito cambio de actitud. Me tiene donde quería: contra la barrera.
- En los tiempos que corren, tiene que ser consciente de lo afortunada que es…
Sí, supongo que limpiar inodoros y vaciar papeleras es todo un lujazo hoy en día.
-... Con su edad y su escasa preparación…
Está visto que tres años de experiencia en el manejo de la fregona, no tienen ningún peso a la hora de rellenar solicitudes de empleo, ¡qué le vamos ha hacer!
- ... Encontrar otro trabajo no le resultaría nada fácil. No obstante, y teniendo en cuenta su antigüedad en la empresa…
Vaya, le he pillado en ese día tonto del mes.
- He decidido darle otra oportunidad, espero que la aproveche, es la última.
Puntilla y vuelta al ruedo.
Salgo del despacho más bajita y con cinco kilos más de humildad.
Su secretaria me sonríe desde su metro setenta de altura. Seguro que su currículum tiene un contorno de caderas perfecto y unas largas y bien torneadas referencias.
No hay nadie en los pasillos, así que aprovecho para pasar la mopa a mi libre albedrío. Hoy me duelen las rodillas, signo inequívoco del día: viernes.
Salgo una hora tarde procurando que la encargada me vea, me deshago en disculpas y promesas. Pierdo el autobús. Hace un frío que pela, camino hasta la boca de metro más cercana. Veinte minutos.
El vagón está atestado de gente, empujones, apreturas, entro rápidamente en calor. Estoy mayor, una niña me ha cedido el asiento, no sé si alegrarme.
A mi lado, una señora está concentrada haciendo un sudoku. Yo me entretengo repasando la lista de todo lo que tengo que hacer al llegar a casa.
Salgo a la calle. Son las siete menos cuarto, está lloviendo a mares, con suerte mi madre se habrá acordado de recoger la ropa que he dejado tendida esta mañana. No me hago ilusiones, últimamente sus lagunas son cada vez más frecuentes. Me preocupa, me preocupa mucho. Tiene setenta y cinco años, una pensión no contributiva… y Alzheimer.
No me cruzo con nadie en el portal. Subo los tres tramos de escalera con trabajo e inquietud. Se ha vuelto a fundir la bombilla del descansillo y me ha desaparecido el felpudo, habrá alguien que haga colección. Van tres.
Desde que Don Julián se jubiló y recalificaron su portería en “apartamento ideal para una parejita joven”, esto no es lo que era. Y pensar que cuando los abuelos compraron la casa, que tuviera portero y ascensor denotaba distinción y categoría... ¡Si levantaran la cabeza!
Mi abuelo era magistrado, con chaleco, pajarita y generaciones de orgullo. Madre mía, quién le iba a decir a él que su nieta, su única nieta…
La culpa de todo la tuvo mi padre, un vívales, un bala perdida que dilapidó la herencia familiar en casinos, malas inversiones y mujeres. Al menos eso decía mi madre, las tías de mi madre y ahora, de vez en cuando, yo cuando observo las curiosas y siempre cambiantes formas de las goteras en el techo de la salita de recibir.
Porque dinero no, pero salita para las visitas, sí. Clase y abolengo, lo único que mi padre no pudo jugarse a las cartas. Y mi única herencia.
También tenemos salón comedor, cuatro dormitorios, dos baños, aseo, habitación de servicio, cocina, despensa y tres balcones a la calle. Todo muy soleado y con olor a rancio.
En fin, mi padre, origen de todas nuestras desgracias, pasó sus últimos años en paradero desconocido, en el extranjero, lejos, allende los mares. Gastándose la herencia y juventud de mi madre con una pelandusca.
Lo contaban mis tías, que como todos sabemos, porque todos tenemos alguna, son las más enteradas y poseedoras por decreto divino de la razón. Las de mi madre, además, por ser de gente bien, el moño italiano más alto y la lengua más afilada. Las recuerdo de negro, agrias, sentadas en el borde del sillón muy comedidas, muy decentes, tomando chocolate con picatostes y poniendo a caer de un burro a mi padre.
El tiempo todo lo cura, o con el tiempo todo se olvida. Y cuando un día te llaman y te dicen que fulanito de tal, tu padre, ha fallecido, casi no te sorprendes y apenas te inmutas. Es un desconocido, un tema recurrente en conversacionespasadas.
No le puedes poner cara porque no le recuerdas y tu madre ya no…
Al entrar en casa noto elcalorcillo y ese olor tan característico a cera y maderas viejas. Mi madre me espera como siempre, sentada en el sillón de orejas que fue de mi abuelo. No se ha vestido. Me mira confundida durante un instante hasta que me reconoce y sonríe. Cuando lo hace se le ilumina la cara.
Sigue siendo guapa, con esa belleza serena que da el olvido, conserva el porte y la prestancia que da la buena educación. Se atusa el cabello y se recompone el camisón. Quien tuvo, retuvo.
Llamo a Pilar, es la vecina de enfrente, estudiante a distancia y de paciencia infinita. Se queda con ella mientras yo estoy fuera.
- No ha querido que la vistiera, me ha dicho no se que de una cena de gala en el consulado y que esperaría a que viniera la modista para hacerla la prueba del vestido. Me ha despedido con cajas destempladas, pero quédate tranquila, he entrado a ratitos y le he dado la comida y la merienda. No te queda leche, acuérdate de comprar.
Le doy las gracias mil y una vez. No sé qué haría sin ella.
Un baile en el consulado, qué ironía. Su memoria conserva el esplendor del pasado, egoístamente me alegro por ella, es más fácil así.
Qué vueltas da la vida. Sé que es una frase muy manida, pero que refleja con exactitud la realidad, lo cotidiano de los días, los suyos.
Porque, cómo explicas a una persona que no tiene presente, que su pasado tampoco es tan idílico como ella lo recuerda. Afortunadamente, la naturaleza humana es sabia y filtra y colorea los recuerdos. Para los que tenemos memoria y cicatrices, no es tan sencillo.
Es la lluvia, no lo puedo evitar, estoy tan nublada como el día.
Me quito los zapatos y las medias. Tengo los pies hinchados y doloridos. No he renunciado a los tacones, me puede la chulería.
Estoy preocupada, se que lo de esta mañana solo ha sido un toque de atención, pero no dejo de darle vueltas. La encargada me tiene en su punto de mira y eso no es nada bueno. Me tiene enfilada desde el primer día, no lo entiendo.
Entré en la empresa por casualidad. Miento, desesperación. Cansada de que me dieran con la puerta en las narices, opté por disfrazar mi currículum. Nada de estudios ni de idiomas. De todas maneras, nunca daba el perfil,
¿El perfil de qué? Es cierto que llevaba años sin trabajar, no me había hecho falta. Se vive muy bien en la cómoda despreocupación, y en la ignorancia, y si no que se lo pregunten a mi ex, o mejor, al ex de su secretaria. Pero la vida te viene dada, y la mía estaba envuelta en papel de regalo.
No hice las cosas bien, no peleé lo suficiente. En realidad, nada. Dejé mi casa, herida, tragándome el orgullo y un acuerdo de divorcio irrisorio. Es lo que tienen las separaciones de bienes y las suegras lagartas con titulo nobiliario. “Nada traes, nada te llevas”.
De buenas a primeras me vi en la calle, de un barrio residencial, pero en la calle.
Me fui de mí (su) casa en silencio, sin escándalos ni alborotos, con mil preguntas y tres maletas llenas de incredulidad y desengaño. Con un “ya no te quiero” y un cheque firmado por la mala conciencia de quien durante doce años había sido mi marido.
Volví a casa de mi madre, la de los abuelos. Me acogió con los brazos y la nevera abiertos. Me preguntó, y no supe contestarle. Al parecer mi vida se había ido desmoronando poco a poco y en bajito a mis espaldas. No, no sospeché nada. Es lo que tiene la alta sociedad, hasta los cuernos se ponen educadamente.
El caso es que con cuarenta años me vi obligada a buscar empleo, algo que me parecía la mar de fácil. Soy una mujer culta, con estudios, buena presencia.
Pues no, no es fácil, es imposible, es agotador, es frustrante y no doy el perfil. Tengo el doble de perfil o de edad, vete tú a saber. Así fue como acabé limpiando oficinas. Me presenté a un puesto de secretaria de dirección y me quedé a limpiar loss ecretos de la dirección, de la recepción y de los baños.
En fin, sigo sin saber por qué le caigo tan mal a la encargada. De ahora en adelante procuraré ser más cuidadosa. Parezco una niña con propósitos de enmienda.
Es tarde y necesito dormir. Consuerte mañana no llueve y sale, y me sale, el sol.
¿Qué es esto?, ¡qué paquete tan bonito!, ¿lo has envuelto tú, mamá?
Pero si hoy no es mi cumpleaños. Vale, ya lo abro. ¡Tres felpudos! ¡Qué sorpresa!
Escrito por leerynarrar el 22/02/2011 20:19 | Comentarios (0)
En el grupo de lectura de Colmenar se ha hablado de los sentimientos de culpa, o no, de los alemanes por la masacre de judios (casi nunca hablamos de la masacre de gitanos y de otras masacres). A propósito de la quema de prisioneros de Auschwitz en la iglesia de una aldea cercana al campo, nos preguntábamos cómo es posible que Anna no abriera la puerta del templo cuando pudo hacerlo. Y también cómo pudo todo un pueblo (o casi) participar en el exterminio, al menos con su silencio. ¿Qué ocurre dentro de uno cuando funciona así?
De la narración, a mí me ha interesado la historia de pasión de Michael con Anna. Está llena de matices: los que van desde el deseo en un encuentro que es casi un ritual, hasta el desapego, cuando ambos personajes se encuentran de improviso (coinciden en la piscina). Pasión y desafecto, del que Michael se da cuenta y vive con un raro sentimiento de culpa.
Cuando el hilo de la historia llega a plantear la responsabilidad de los alemanes de a pie en el holocausto, tengo que hacer un reajuste en mis intereses. No es un tema que me atraiga en este momento. Sin embargo sí permanece el interés por el personaje Michael y su relación con Anna, y viceversa.
El suicidio de Anna, justo la noche antes de que Michael fuera a buscarla a la prisión, me parece muy coherente... Anna no puede poner palabras a sus sentimientos.
En el final de la novela quedan flotando incómodas sensaciones de desafecto, entre las huellas de una pasión.
Escrito por leerynarrar el 16/02/2011 20:38 | Comentarios (0)
Verano es una ficción autobiográfica. Cinco personajes y un cuaderno de notas hablan de un tal John Coetzee, ya muerto. El estilo de Coetzee me gusta: limpio, sencillo, claro, sutil, con sentido del humor y la habilidad para contar sensaciones y deseos escondidos, pero fácilmente reconocibles.
Escrito por leerynarrar el 02/02/2011 10:04 | Comentarios (0)
El Lector se lee deprisa porque la historia engancha. La he leído de un tirón, en un día. Como suele ocurrirme cuando corro tras el argumento, paso por alto un montón de detalles que, me parece a mí, son los que le dan consistencia a la historia. Por ejemplo, las reflexiones del narrador, Michael Berg, sobre él mismo.
Michael es un adolescente que mantiene una relación con una mujer, Hanna, veinte años mayor que él. Iba a decir que Michael se enamora... pero no estoy seguro. Desde luego se engancha (en principio sexualmente) a Anna, aunque, por otra parte, hace lo posible por guardar una distancia interior con respecto a ella. Sin embargo, lo que la mujer deja en él hace que éste no pueda prescindir.
Los matices de la relación de Michael con Anna quizás sean un trasunto de los conflictos de una generación de alemanes con su pasado nazi. En realidad, éste es el tema de la novela.
Escrito por leerynarrar el 31/01/2011 13:00 | Comentarios (0)
No recuerdo haber leído una novela en la que, a cada página, temiera lo que me voy a encontrar en la siguiente. Esto me está ocurriendo con Las Uvas de la Ira.
Steimbeck escribe llano. Ninguna rimbombancia. Ningún tremendismo en su estilo. Describe escenas que toman forma con nitidez en la fantasía. El abuelo muerto de una apoplejía en la cuneta de la 66. El encargado tuerto de la chatarrería, al que le llora la cuenca del ojo. Los niños con el vientre hinchado, y nada más que piel cubriendo sus huesos... y yo corriendo como loco de aquí para allá buscando trabajo, y no por salario ...sólo por una taza de harina y una cucharada de manteca.
Escrito por leerynarrar el 23/01/2011 21:16 | Comentarios (0)
Estaba leyendo Lo que me Queda por Vivir, de Evira Lindo, cuando hemos comenzado a leer en el Club de Lectura de Colmenar Las Uvas de la Ira. El contraste es tal que lo que me quedaba por leer de Lindo va a quedarse ahí, por el momento. La fuerza de Steimbeck hace que cualquier otra historia resulte insulsa.
Cuando comento que estoy leyendo Las Uva de la Ira la gente se sorprende: yo lo leí a los 20 años, dicen. Son novelas y autores publicados aqui en los años 50, se leyeron más o menos por aquel entonces y allá quedaron. Ahora están fuera de onda. Parece que, a 2011, su lectura está desfasada. Yo no la había leído y me asombra la dureza de la historia, la robustez de los personajes y lo tierno y descarnado de sus relaciones. Si no se leyeron en su momento, merece la pena ahora adentrarse en novelas como esta.
Mi próxima lectura será Verano, de John Maxwell Coetzee.
Escrito por leerynarrar el 19/01/2011 09:55 | Comentarios (0)
Gabriel Zaid es un poeta y crítico mexicano. Por casualidad ha caido en mi manos esta recopilación de artículos de crítica literaria: Como Leer en Bicicleta.
Me gusta el sentido del humor, la ironía y la perspicacia con la que pone a caldo a algunos de sus colegas en el mundo cultural mexicano.
Mario Vargas Llosa dice de este libro que es "soberbiamente irresponsable". "Soberbiamente", quizás, por lo bien escrito. "Irresponsable", quizás, porque al escribirlo no se atiene nada más que a lo que quiere decir
Escrito por leerynarrar el 04/01/2011 13:24 | Comentarios (0)
Hace un año puse en marcha este blog con un buen propósito. En aquel entonces decía que " ...es un intento de ponerme a salvo de la dispersión: fajar mis lecturas y pensarlas... Poner orden. Pretendo compartir el gusto por analizar, valorar y contrastar lo leído".
Bueno, pues no me he puesto a salvo de la dispersión en lo que leo. Analizar, contrastar y compartir lo leído lo he conseguido, en los últimos tres meses, gracias al Club de Lectura de Colmenar: un grupo de personas a las que les gusta leer y comentarlo.
Mi última nota fué sobre la lectura fallida de 84 Charing Cross Road, de Helene Hanff. Este año he dejado sin acabar otras dos novelas: El Paso de la Helice, de Santiago Pajares y Si Una Noche un Viajero, de Italo Calvino.
De El Paso de la Hélice no recuerdo nada, así que supongo que dejè su lectura porque no me enganchó.
Si una Noche un Viajero es la segunda vez que intento leerla. La primera fué cuando se publicó en castellano, la segunda hace unos meses. Me parece que Italo Calvino es un escritor brillante, pero me sienta fatal que sea un postmoderno: rompe las historias por alguna extraña razón que tendré que aprenderme. Tampoco me hace especial gracia que el autor me interpele. Falsamente, por cierto. ¿Qué tiene de bueno esto de los postmodernos?
La Amaba, de Ana Gavalda, me parece una novela inconsistente, con personajes a ratos poco creíbles. Una historia, la de un suegro, contada dentro de otra historia, la de una joven nuera a la que su marido acaba de abandonar. Lo que el suegro le cuenta a su nuera (cómo no se atrevió a abandonar a su mujer por el amor a otra) es para justificar que su hijo la haya abandonado a ella: una defensa poco coherente, me parece a mí, del ser capaz de hacer en la vida lo que uno quiere.
En el Club de Lectura, a propósito de la división de opiniones sobre La Amaba, nos preguntábamos qué es lo que hace que una narración guste o no guste... Es una pregunta que te pone a pensar. Está bien hacer el esfuerzo de concretar en voz alta lo que uno valora, cómo lo valora y por qué. También nos preguntábamos por qué los éxitos editoriales lo son (Gavalda es un éxito editorial contínuo).
Después de algunas dudas, me he lanzado a leer las mil páginas de La Noche de los Tiempos, de Antonio Muñoz Molina. En conjunto me parece que es una buena novela. Creo que le sobran doscientas páginas de repeticiones y minuciosidades descriptivas. ¿No será un pelín obsesivo Munóz Molina? También puede ser que el editor le pidiera las mil páginas.
Una Lectora Nada Común de Alan Bennett, me ha divertido. me parece que es una historia inteligente, llena de sentido del humor, que se lee de un tirón en un par de horas y le deja a uno sonriente.
Ah! También he leido Invisible, que a principios de año era la última de Paul Aster. En noviembre publicó Sunset Park, que todavía no he leído.
Con Invisible me ocurrió algo curioso: la leí y a los dos meses la empecé de nuevo creyendo que no la había leído.
Escrito por leerynarrar el 02/01/2011 12:17 | Comentarios (3)
84, Charing Cross Road se publicó en castellano en el 2002. Yo he intentado leerla ahora y he llegado hasta la página cincuenta de las ciento veinticinco que tiene.
Es una de esos títulos que los amigos recomiendan o regalan. Se ponen de moda y, la verdad, no sé por qué.
Escrito por leerynarrar el 22/03/2010 20:33 | Comentarios (0)
Escapada y Secretos a Voces son dos volúmenes que recopilan historias cortas, a veces conectadas por personajes compartidos. En ellas Alice Munro plasma con un lenguaje muy preciso y sencillo la vida rural canadiense. Sus personaje son mujeres corrientes que viven en pueblos de Ontario. Sus narraciones suelen ser episodios de una vida común que, en algún momento, se quiebra emocionalmente.Son rupturas internas. En el acontecer cotidiano apenas ocurre nada pero, de pronto, su mundo interior queda marcado por un giro inesperado.
Escrito por leerynarrar el 11/03/2010 18:27 | Comentarios (0)
Ha muerto Salinger. Leí El Guardián entre el Centeno en Toronto. Más bien me lo estudié. Mis amigos canadienses se reían de mi porque, decían, chapurreaba el slang de Holden. Leí y releí a Salinger todo aquel invierno de 1968. Hacía un frío que pelaba.
Descanso de la Trilogía con las narraciones limpias, claras, con olor a campo, de Alice Munro. He vuelto sobre las mujeres que protagonizan Secretos a Vocespara disfrutar de personajes como Dorrie o Louisa.
Escrito por leerynarrar el 30/01/2010 00:06 | Comentarios (0)
E l Paul Auster de la Trilogía me pone a trabajar más que a leer. En su segunda historia, Fantasmas, "por el bien de la trama" sitúa la acción en Brooklyn Eights, donde Walt Wihtman, dice, compuso Hojas de Hierba en 1855 y Henry Warb Beecher lanzó vituperios contra la esclavitud. Por otra parte, Azul, el protagonista, que debe vigilar a Negro,observa que éste únicamente se dedica a leer Walden, de Henry David Thoreau...
Después de la experiencia de La Ciudad de Cristal, en la que, como señala su protagonista Quinn, "no hay una palabra ni una frase que no sean importantes",
no tengo más remedio que parar la lectura y dedicarme a investigar algo sobre Wihtman, Beecher y Thoreau. No quiero dejar pasar clave ni referente alguno que me haga perder pie. Todo sea por el bien de mi comprensión de la trama.
Tengo que confesar que he buscado en Google si ocurrió algo el3 de febrero de 1947, fecha en la que el autor data el comienzo de su historia. ¡¡Y sí!! ¡¡Es el día del nacimiento de Paul Auster!! Como coincide que en esa fecha también nacióDave Davies, el guitarra solista del grupo The Kinks, me queda la duda de a cuál de los dos debo vigilar para no perderme ningún link o liaison. Se trata de poder seguir puntualmente el hilo de la cosa.
Una amiga, ha comentado en este blog: “Has empezado por lo peor de Auster (para mi gusto)... una insoportable y angustiosa Trilogía (aunque tal vez sea que yo no la leí en el momento oportuno)”
A mi me ha parecido más bien irritante... Me molestan los recovecos barrocos de la historia y sus protagonistas. En Fantasmas se repiten los juegos de pérdidas y confusiones de identidad de Ciudad de Cristal. La insistenciame cansa. Sin embargo descubrir las triquiñuelas me resultadivertido.
¡Pero entonces qué! ¿Megusta o no La Trilogía de Nueva York? No sé todavía.
Andrew Billen le hizo una entrevista aPaul Auster (The Times,diciembredel 2005) que tituló “Paul Auster: Meta master of disguise” Comienza así:
“In academic courses Paul Auster’s novels are, I read, taught under the forbidding heading of meta-fiction. We are talking here about stories within stories, unreliable narrators, authors who appear as characters in their own tales.
City of Glass, his first published novella, was certainly of this school, more fun to think about, frankly, than to read. It came out in 1985 and its tricksiness … initially put me off its author. Fortunately, his books have been getting less tricksyand more heartfelt ever since. “
“Más divertido para pensar que para leer”, y añade: “sus trampas me hicieron rechazar, inicialmente, al autor”. Bueno, pues así: me cansa leer a este primer Paul Auster, pero me divierte buscar sus juegos. Por lo demás en esta entrevista, realizada casi diez años después de la publicación de la trilogía, el autor reconoce cómo le atufaba lo mucho que había leído, cómo le estrangulaban sus conocimientos y cómo consiguió dejar de lado todo eso: “Somehow the weight ofthe past fell off my back. I was too bookish. I’d read too much. I knew too much and it was strangling me and I let it all go.”
Voy a ver qué pasa con la tercera historia,La habitación cerrada... Por el título me huele a chamusquina.
Escrito por leerynarrar el 27/01/2010 17:14 | Comentarios (0)
Ya sé que tenía que haber leído a Paul Auster allá por los años ochenta. Por diversas e intrincadas razones no ha sido así. Le he pedido a los Reyes Magos sus novelas primera y última: Trilogía de Nueva York e Invisible, como si con lo primero y lo último lo fuera a abarcar todo, compensar el retraso y rellenar el enorme hueco.
He comenzado por el principio: Ciudad de Cristal, la primera narración de la Trilogía La he leído de un tirón hasta que, de pronto, Paul Auster me birla la historia que me está contando, la de Quinn y Stillman, e introduce al escritor Paul Auster en su lugar. Y con este trueque, empieza un rollo postmoderno: historias dentro de la historia, disolución de la identidad del protagonista en paralelo a la ruptura del hilo argumental que nos ha venido contando, cambio de narrador...
He intentado paliar mi disgusto, y desorientación, leyendo comentarios y crítica. Unos ven en Ciudad de Cristal, aprovechando que el habla,el lenguaje y la identidad son elementos importantes de la trama, el influjo de Jaques Lacan (el inconsciente se estructura como un lenguaje, dice él). Otros encuentran simbologías, efectos de espejo, ecos metafísicos. Yo, desde mi punto de vista de lector corriente, únicamente intentaba dejarme llevar por la intriga de una novela policíaca. Sin embargo, mi gozo en un pozo. Paul Auster me obliga a cambiar de postura en mi sillón y tengo que ponerme a releer, e investigar, para no sentirme perdido en mi ignorancia. A ver cómo se me da la segunda historia de la Trilogía, Fantasmas.
Escrito por leerynarrar el 27/01/2010 17:08 | Comentarios (0)
De padres a hijos, y por generaciones, se había dicho que procedían de las dunas de Al Arabiyah. Pero los pergaminos del Qum Ram, encontrados en las excavaciones de Qara Tarai, no dejan lugar a dudas: Khayam, Nizami y Hafiz , señores de la guerra y buenos comerciantes, procedían de las llanuras de Shamar –i-Sharif, donde se cultiva la flor: Afganistan.
Según los papiros, la expedición recorría, cada dos años, los más de dos mil kilómetros necesarios para llegar hasta los castros romamos del Jordán, en las cercanías de Jericó. Siempre eran bienvenidos. Los centuriones encontraban en el comercio con Khayam, Nizami y Hafiz todo lo que necesitaban para liderar y poner orden entre los mercenarios: horas de felicidad en las que, tras los efluvios y los sueños, encontraban la clarividencia propia de la Papaver somniferum. Era la mejor preparación para hacer frente a las revueltas que, casi todos los días, provocaban grupúsculos judíos.
Khayam, Nizami y Hafiz solían hacer un buen negocio. Volvían a Shamar-i-Sharif con las alforjas repletas de sestercios. Sin embargo, aquel año, los romanos les pagaron en especie por la flor: un pequeño cofre con los brazaletes y algunas joyas de oro de los centuriones Craso y Ninfidio, algunas bolsas de resina de mirra, conseguida en las incursiones en Somalia y goma de incienso, de la que utilizan los mercenarios en ceremonias de protección contra el enemigo.
Khayam, Nizami y Hafiz, para volver a sus tiendas en Shamar –i-Sharif buscaron la guía luminosa de Júpiter. Fue a su paso por Bethlehem cuando encontraron en una cueva de ganado a aquella mujer recién parida y a su marido. No eran mendigos harapientos. Simplemente estaban de paso y en un apuro.
Quemaron incienso y mirra, siguiendo su tradición, para honrar al neonato y, ya de paso, hacer más respirable el ambiente cargado de estiércol.
Khayam se mesó su larga barba blanca para acceder, finalmente, al trato: les dejaría algún brazalete que resolviera sus problemas más inmediatos. Pero a cambio se llevarían el asno. Lo necesitaban para aliviar la sobrecarga de sus fatigados camellos.
Khayam, Nizami y Hafiz encontraron el camino de vuelta a sus lejanas montañas guiados por el astro rey, a través de las tierras de Palestina.
Escrito por leerynarrar el 19/01/2010 19:33 | Comentarios (0)
Quiero pedirle a los Reyes Magos el cuento de Chejov llamado “Un ángel”. No lo encuentro.
Me paseo por los blogs para ver cómo se hacen, qué tienen y qué dicen.
Crguardon es una persona cercana, pero desconocida, con la que coincidí en un taller on line de escritura hace tiempo. Tiene un blog cuajado de experiencias, historias, viajes y afectos. Fotos y enormes cantidades de amigos /comentarios. Es un multiblog , me parece a mí, como la vida misma.
En aquellos tiempos del taller, crguardon, con el seudónimo de Clea, escribió una historia llamada Abdel Qadêr o le Toilette . Yo acababa devolver de Assilah. Venía lleno de las imágenes multicolores y polvorientas (como las de Tnin Sidi el Yamani), que se me habían colado cargadas de emociones. Había conocido a Abdel Qadêr, a quien nunca conseguí ganar al dominó, y a Rachida, famosa en todo el norte de Marruecos por sus pastelas.
Así que la historia de Crguarddon, o Clea, me sirvió de punto de partida para una evocación.
Escribió Crguarddon:
ABDEL QADÊR O LE TOILETTE
Abdel Qadêr vivía en una jaima situada en la parte de atrás del puesto donde su padre y sus hermanos vendían rosas del desierto y collares para los turistas y transeúntes.
Abdel Qadêr era un chico perspicaz y de mirada sumisa. Tenía una camisa d manga larga, demasiado grande para que pudiera usarla ninguno de sus hermanos, por este motivo él trabajaba entre la arena y el sol. Quizá por esos us ojos negros brillaban tanto. Tenía 11 años.
Estaba sentado en el suelo, con la mirada perdida cuando vió a lo lejosu na motita negra que se acercaba por la carretera. Se puso sus sandalias y fue a buscar su regadera,junto al pozo, la llenó de agua y se situó donde pudiera ser visto por los que llegaban dentro de la motita, cada vez más grande y más cercana.
.El conductor echó el freno y detuvo el todo terreno en medio del desierto. Le seguían otros cuatro coches, todos aparcaron en fila india, al borde de la angosta carretera. Los turistas salieron de los coches.
Una mujer comentó en voz alta:
―Menos mal que no hay camellos, no soporto el mal olor que despiden.
―Yo lo que llevo fatal es el calor, no sé como lo aguantan ―le contestó un hombre.
―¡Mira! Qué curioso, parece una alucinación ―continuó la mujer.
Delante de ellos había un cuchitril de madera plantado en la arena, parecía un decorado, con cinco puertas que parecían dibujadas en verde y amarillo y unas letras rojas escritas a mano que decían: Confort:Toilettes: Normale.
El guía les sugirió que usaran el W.C. Aún quedaban varias horas deviaje. Con cierto reparo la mayoría se acercó al supuesto decorado de maderapintado de colores.
Y allí estaba Abdel Qadêr con su regadera en la mano, su mirada sumisa y su gesto perspicaz. Dispuesto a hacer su trabajo.
La mujer que no soportaba los malos olores entró la primera en el váter. No encontró cisterna alguna, ni cadena de la que tirar.
Al poco salió.Y entonces Abdel Qadêr entró con su regadera y realizó su trabajo. Enseguida entró otra de las mujeres que hacían cola delante de les toilettes. .Y otra, y otra. Hasta veinte personas pasaron por allí.
Después se marcharon, llevando con ellos algunas rosas del desierto y algunos collares.
A Abdel Qadêr, el sirviente, le quedaron unos pocos céntimos. Pero ningún rostro, ninguna palabra. Le habían enseñado a no mirar de frente, para no incomodar a los turistas.
Sólo al final del día levantaba la miraba: sentía pasión por la dureza maleable de las arenas del desierto, siempre en suave vaivén.
Escribo yo:
El pasado 7de Agosto estuve en Assilah y conocí a Abdel-el-Qadêr. Si fuera el mismo del que tú hablas, sábete que se ha hecho mayor. Tiene una tienda diminuta en la medina, junto a la puerta BabElbahr, en la muralla. Se ha casado con Rashida, una bereber de labios sensuales y mirada astuta. Suele pasar horas sentado a la puerta de su comercio en una pequeña banqueta. Sobre él, expuesta, la aglomeración inverosímil de chilabas, caftanes, blusas, bolsos y babuchas, colgados de un entramado de cuerdas y toldos que protegen del sol.
Abdel-el-Qadêr se ha hecho tan mayor que el brillo de sus ojos negros ha borrado la antigua sumisión de su mirada. Ahora ve acercarse a los turistas con gesto silencioso y un destello perspicaz en sus pupilas. Su sonrisa suave envuelve la curiosidad incauta del comprador posible.Como las arenas deslizantes del desierto, acaba atrapándolo en una ensoñación fascinante y también inútil.
.
Abdel-el-Qadêr ya no gana unos céntimos: guarda sus dirhams en una bolsa bordada con doradas azoras coránicas. Ya no viste una camisa demasiado grande sino un caftán blanco. Al fondo de su tienda, en la penumbra de un rincón, medio oculta por rosas secas del desierto y algunos collares antiguos, se vislumbra el perfil de una vieja regadera.
Escrito por leerynarrar el 19/01/2010 19:20 | Comentarios (0)
Un amigo me dijo que, con esta historia, tengo un buen personaje para desarrollar.
Otro amigo me avisó: “Ojo con los dramas. Exigen mucha y muy cuidada ambientación".
Es una narración breve:
Margarita
El número 47 de la calle Velázquez es un edificio con fachada de granito blanco y amplios miradores. Los años, la polución y el desencanto le dan ahora a la piedra un tono gris. En el gran portón de entrada, atornillado a la jamba de la derecha,un portero automático da fe de los vecinos anónimos: cuatro timbres sin nombre.Sólo en el entresuelo, un rótulo escrito a máquina avisa: Señores Marqueses del Altozano.
En el piso entresuelo, el recibidor es un espacio grande,oscuro y destartalado. Un arcón aparatoso de caoba, cuajado de guerreros en relieve,recibe la luz escasa de un patio interior.
En bata, con los labios corridos de rojo bermellón, el rimel emborronando los pómulos, sentada en una banqueta antigua de estilo español, la mujer balancea sus chanclas, de florecitas rojas y amarillas, sin rozar el suelo. Con una mano agita inútilmente un vaso de güisqui sin hielo. Con la otra, estruja un clinex empapado.
Un trago sostenido de güisqui le ayuda a recuperar algo de ánimo. Se levanta apoyándose en el perchero de madera que hay junto a ella.Colgado de uno de sus brazos curvos, un paraguas rosa.
Una bombilla amarillenta ilumina, apenas, la habitación. La mujer busca con la mirada, recorriendo la cocina. Un montón de platos mal apilados, con restos de comida,sobrepasa en un palmo un seno del fregadero. Un fondo de agua marrón,con irisaciones de grasa, lo llena en parte. Compartiendo espacio, sobresale del aguate media sartén con su mango apuntando al techo. En el otro seno, entre copas y vasos sumergidos, un trozo de pan navega casi desecho. Dentro de un cazo, a remojo, un manojo heterogéneo de cubiertos usados.
La mujer deambula, dando tumbos, de un lado a otro de la cocina. Sobre los fogones de gas, una pequeña olla con su tapadera sin encajar, deja asomar la empuñadura de un cucharón.
Contra la puerta cerrada de un armario empotrado, que quizás sea la despensa, se apoya una escoba. Junto a ella, en el suelo, unas colillas enredadas en pelusas de polvo y la botella de güisqui. La mujer coge la botella por el gollete.
Al fondo del pasillo, se abre un gran salón solado con tarima antigua de Valsaín. Dos miradores alegrarían la estancia, dejando entrar al sol, si no fuera por los pesados cortinones, a medio echar, que lo impiden. Los aparadores y las vitrinas no tienen más que polvo.En las paredes, claros rectangulares, de distintos tamaños y a diferentes alturas, señalan el espacio que ocuparon los acrílicos de nueva figuración, los expresionistas de Marchet y algún que otro DieBiot.
Tumbada en un sofá con los bajos deshilachados, entre almohadones, Margarita da vueltas con el dedo índice a un cubito de hielo que flota en su vaso de güisqui. La otra mano, lánguida,sostiene el mismo papel releído una y otra vez, todos los días, cada minuto, desde hace un año: “Enseguida vuelvo”.
Escrito por leerynarrar el 19/01/2010 15:22 | Comentarios (0)
Una amiga acaba de recomendarme la página www.acercatealoslibros.com Es un espacio lleno de amor por los libros y con trato cuidadoso a sus autores. Mes a mes, cuenta novedades, operas primas, y sugerencias. Merece la pena tenerlo a mano.
Escrito por leerynarrar el 19/01/2010 15:20 | Comentarios (1)
Anoche estuve en casa de Diego Moya tomando una copa. Me habló de George Steiner. Buscando esta mañana su obra en Internet, he encontrado que es colaborador del Times Literary Supplement Mehe olvidado momentáneamente de Steiner y me he puesto a curiosear enla seccion de libros. Así he llegado, por casualidad, a la lista delos 50 mejores autores de la década, de habla inglesa, que propone elTimes Literary. Son éstos:
De estos autores, he leído a Salman Rushdy (Hijos de la Media Noche), John Le Carré (El jardinero fiel, El sastre de panamá, El espía perfecto, La chica del tambor, La gente de Samaley, El honorable colegial, El espía que surgió del frío... )y Ian McEwan (Primer amor, último ritual, Sábado, Amsterdam, Expiación, Cecil Beach...)
Delresto de los autores que menciona The Time Literary Suplement comolos mejores, no sé nada. Tendré que buscarles un hueco (¡!).
Leo en el suplemento del diario El País, Babelia, un titular que me suena a pura manipulación, no sé si gratuita o a beneficio de alguna casa editorial. Dice: "El Ensayo Destrona a la Novela". Se trata de una encuesta realizada entre 50 de los críticos que suelen escribir para Babelia. La encuesta pretende recoger los mejores libros del año 2009.
Cada uno de estos críticos valora 10 trabajos puntuándolos de 1 a 10. El resultado: la obra escogida es Anatomía de un instante (Mondadori), de Javier Cercas, un ensayo sobre el intento de golpe de estado de febrero de1981.
De los 50 críticos, 17 lo mencionan entre los textos que valoran como los mejores del año. De estos 17 críticos, únicamente 4 lo eligen como la mejor delas cuatrocientas y pico obras manejadas.
Me parece a mí que Babelia entiende mal cómo se hace una encuesta. Pero, sobre todo, hipertrofia sus resultados con un titular típico de suplemento de fin de semana. La encuesta, creo yo, no demuestra que el ensayo haya destronado a la novela. Y si no, que se lo digan al editor de la trilogía de Larsson.
Por cierto, de las casi quinientas obras mencionadas, me he apuntado dos por diferentes motivos: Tres vidas de santos, de Eduardo Mendoza (Seix Barral) y Mecanismos internos.Ensayos 2000-2005 de John Maxwell Coetzee (Mondadori).
La novela de Eduardo Mendoza me interesa porque estoy ahora con él: todavía no sé si me gusta o no. No me caen bien sus golpes de humor paródico... Del libro de Coetzee me interesa disfrutar de su maestría crítica. Descubrir los"mecanismos internos" de los 21 escritores que analiza, representantes de dos grandes tradiciones literarias: la europea y laanglosajona.
P.S. En este comentario sobre Babelia, afirmaba yo algo así como que el titular es"típico de suplemento de fin de semana para gente guapita" . He suprimido lo de "guapita" porque un visitante, autor de www.acercatealoslibros.com ha hecho un comentario (ver) al respecto, cargado de razón. Pido excusas a los lectores del suplemento del País.
Escrito por leerynarrar el 19/01/2010 15:00 | Comentarios (0)
Mi acercamiento al mundo de la narrativa y la escritura, intentando que la aproximación sea sistemática, es reciente. Así que me considero un novato, aunque lleve años leyendo y escribiendo.
Leer con cierto orden y con algún criterio es todo un trabajo que requiere aprendizaje, y en esas estoy. Lo más importante es que leer me gusta y lo necesito.Pero también me he dado cuenta de que hay modos de leer que conllevan un placer añadido: además del disfrute de dejarse llevar por una buena historia, el placer de entender cómo está escrita y disponer de algunos criterios para concretar por qué me gusta o me disgusta.
En mi deseo por explorar la narrativa, la voracidad (tanto más ansiosa cuantos más huecos tiene uno) es un enemigo que aconseja mal. La voracidad me exigiría haber leído y releído no ya a los clásicos griegos y romanos (qué menos que a Sofocles, Eurípides, Virgilio... con sus críticas y estudios literarios correspondientes), también a los clásicos del siglo de oro, a los del siglo XlX, rusos y no rusos, y los del siglo XX y lo que llevamos del XXl. Por otra parte, uno tiene que haber leído algo más allá del volumen primero de En Busca del Tiempo Perdido (¿alguien sabe cómo se llama, por ejemplo, el tomo 6º de esta obra de Proust?) y,simultáneamente, conocer lo último de Ian McEwan, poder hablar de Nabokov y Kafka o remontarse a Chejov y Poe para aterrizar en Borjes o Vargas Llosa o Saramago. Y es evidente que no. Que sólo he leído a unos cuantos clásicos griegos, rusos y españoles... hace un montón de años, y que he picoteado aquí y allá, como por casualidad, en unos y otros contemporáneos, sin más criterio que la exigencia de leer algo de lo que es imprescindible haber leído, o lo que aconsejan los críticos. Con este blog pretendo ayudarme a poner algún orden a mis lecturas y compartirlo.
En estas incursiones en la narrativa están, los autores básicos, que son muchos, y que voy leyendo, tapando agujeros aquí y allá, poco a poco. Mi pregunta es siempre la misma: ¿Y esta novela por qué dicen que es buena? ¿Por qué es bueno el cuento de Chejov "El Beso" o "La Señora del Perrito"? ¿Porque Proust es un maestro? ¿Cuál es el placer de leerlo? Es, precisamente, con estas obras con las que me doy cuenta de que aprendo a leer narrativa: el interés está en algo más que la acción. Me interesa, por tanto, pensar en voz alta, mientras leo. Definir lo que me gusta y lo que no. Encontrar puntos de vista para valorar la calidad y compartirlos
Un deseo añadido en la lectura de estos autores básicos, es situarlos en sus contextos literarios. Reconocer cómo sus estilos narrativos van a influir en los escritores modernos. Quiero con esto decir que me interesa la crítica literaria. Por ejemplo: el editor de Cuentos y Cuentistas. El Canon del Cuento, de Harold Bloom, afirma en una nota editorial que"Los treinta y nueve cuentistas escogidos por Bloom, tan distintos,responden, no obstante, a un patrón común que los hermana... todos se basan en una de estas dos tradiciones: la de Chéjov, por un lado, o la de Poe, Kafka y Borges por otro." Me hace esto pensar que Poe y Chéjov son algo así como los fundadores de dos escuelas, tendencias, estilos, o cómo se le quiera llamar, en el cuento. El tema me atrae: ¿Qué hay de Poe en Borjes o en Kafka?. No sé dónde leí que Proust influyó en Borjes: ¿Cómo? O pensando en Flaubert ¿Qué tiene Flaubert, que no tengan sus contemporáneos, para que se le considere un innovador en la narrativa moderna? ¿Cuáles son las novedades técnicas de Madame Bovarie? ¿En qué momentos de la historia o aspectos de la historia se encuentran?.
También están las lecturas que hago porque la crítica, lo decía antes, o los amigos las recomiendan: historias divertidas, mejores o peores, leídas sin más intención que pasarlo bien o satisfacer la curiosidad. Algunas son novelas maravillosas que te enganchan y no puedes deshacerte de ellas hasta que no matan al malo ( Los hombres que... de Larsson). O esas otras que son un éxito editorial, que todo el mundo dice que son muy buenas y a mi me parecen un horror (La Elegancia del Erizo, premio de los libreros franceses).Criticar la crítica puede ser un entretenimiento añadido al de la lectura.
Este blog es un intento de ponerme a salvo de la dispersión: fajar mis lecturas y pensarlas. Trato de verbalizar lo intempestivo de mis deseos en lo que a relatos, novelas, autores, tendencias, críticas, épocas y países se refiere: poner orden. Pretendo compartir el gusto por analizar, valorar y contrastar lo leído.
Escrito por leerynarrar el 19/01/2010 14:43 | Comentarios (0)